Sucesos

Rodrigo Lanza: ¿Quién será su próxima víctima?

El perroflauta saldrá a la calle en breve y la gente decente tiene miedo a que vuelva a actuar

29 de noviembre de 2019 (19:19 CET)

Rodrigo Lanza con un pie y medio en la calle
Rodrigo Lanza con un pie y medio en la calle

5 años de cárcel y 200.000 euros cuesta la vida de un ser humano. Ésta es la sentencia momentánea a la que han condenado a Rodrigo Lanza. Este es el coste, al menos si eres antisistema de izquierdas, que ha matado a un hombre. Tengamos en cuenta que, el que llevara la bandera de España, parece que supuso una provocación para este individuo, cuya respuesta lógica era arrebatarle la vida, asesinarlo y reventarle la cabeza en una calle del zaragozano barrio de la Magdalena, feudo de izquierdas y coto de caza, donde buscar piezas españolistas. Así se podría definir el entramado de calles que han hecho suyas quienes no comparten nuestros colores patrios, ni nuestros valores y donde la disensión es una ofensa que justifica la violencia y la agresión.

En torno a este caso, juzgado con un jurado popular, parece que por quien ha sido la víctima y los motivos esgrimidos para el asesinato, no tienen apenas importancia los hechos. Cabe preguntarse algunas cosas: si hubiese sido un caso a la inversa ¿Habría sido igual la condena?, ¿Habría habido un bombardeo mediático que hubiese interferido en la opinión del tribunal?, ¿Se habría procedido a la estigmatización de todo tipo de enseña patria?

Rodrigo Lanza

Resulta irrisoria la condena para quien ya en 2006 dejó en estado vegetativo a un guardia urbano de Barcelona. Hablamos de un individuo que para junio de 2020 estará en la calle de nuevo, que ya no lucirá ese “look” modosito de camisa, pelo largo y la cara de ángel arrepentido; que volverá a las rastas y las sienes rapadas, a la Harrington y a las botas Dr. Martens, a patear las calles de Zaragoza más crecido si cabe. Para gente como Rodrigo Lanza, la única justicia que existe es la de la acción directa y los juzgados son meros instrumentos de un estado “fascista” y represor. No nos engañemos, no caigamos en la trampa dialéctica: España es una nación, nuestra nación. No hay nada de malo en exhibir su bandera, en sentir respeto, admiración y devoción por nuestros símbolos, por todo lo que nos une y aglutina, por todo lo que nos da una cultura común, una tradición y unas costumbres compartidas desde hace siglos. España no debe ser estigmatizada. No se puede caer en la dialéctica de que llevar la rojigualda es una provocación o una ostentación fascista. Por otra parte, la bandera de España, nuestro himno, las cosas que nos han hecho grandes, existían mucho antes de que naciera Vox. Se puede ser patriota y amar a España sin votar a Vox. Se puede creer en nuestra historia y nuestra identidad para algo más que para llevar una pañoleta en los partidos la Selección Española de Futbol.

Este es un momento crucial para la sociedad española, el momento en el que tenemos que dejar de lado ese viejo argumentario en el que la bandera de España es un arma arrojadiza, una justificación para que las mayores crueldades queden prácticamente impunes porque, ni Rodrigo Lanza, ni la condena recibida, representan el sentir de la sociedad aragonesa ni reflejan el castigo que debería recibir alguien que, con un historial delictivo a sus espaldas, arrebata la vida a una persona. Tristemente, siempre quedarán aquellos para los que es justificable matar a un hombre por llevar la bandera de su propio país. Esos que, con llorar lagrimas de cocodrilo delante del juez, solventan todo hasta la próxima vez que los pillen haciendo más de lo mismo porque, ni se arrepienten, ni piensan cambiar.

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