Política

El verdadero artífice en la sombra del cese de Cayetana Álvarez de Toledo

Feijoo, el Príncipe de las Tinieblas

José María Nieto Vigil

Profesor,Doctor en Filosofía y Letras,Licenciado en historia Antigua e Historia Medieval

18 de agosto de 2020 (11:47 CET)

Cayetana Álvarez de Toledo FOTO Europa Press
Cayetana Álvarez de Toledo FOTO Europa Press

Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz del Grupo Parlamentario popular, ha sido decapitada. La guillotina del virrey de Galicia, Alberto Núñez Feijoó, cuya hoja ha sido largamente afilada, ha ajusticiado, sin justicia, a quién fuera el látigo dialéctico para la izquierda en el Congreso de los Diputados. La Junta Directiva Nacional de Casado se reúne el jueves para dar cumplimiento a la condena públicamente instruida.

Desde hace tiempo, entre bambalinas, como siempre, el gallego ha practicado la política de la conspiración contra la condenada. De hecho, durante las pasadas elecciones regionales en Galicia, la censura de Feijoó se hizo efectiva vetando la presencia de Cayetana en la campaña, sencillamente, la prohibió pisar la arena electoral. Días después, ya en Génova, se escenificó el preludio de una muerte anunciada. Durante la celebración del Comité Ejecutivo Nacional y de otros órganos de dirección de la formación, los barones aclamaron y colmaron de elogios el triunfo alcanzado en aquel territorio. Son los mismos que negaron el pan y la sal a Pablo Casado en las elecciones primarias celebradas hace dos años. Sorayistas inconfesos en la mayor de los casos, entre ellos el presidente de la Xunta, se disfrazaron de neutralidad conciliadora para esconder sus sombrías intenciones. Dos lecturas se hacían en aquel momento para afrontar el futuro del Partido Popular: de un lado, Casado representaba para los que le apoyaron, la vuelta a la esencia y la recuperación de las raíces ¿Qué pensaran ahora sus antaño partidarios?; de la otra, una nueva versión del marianismo, con una interpretación laxa, desdibujada y edulcorada de la tradición política popular. La vicepresidenta, candidata “oficial”, Soraya Sáez de Santamaría, era su postulante. “Cómo hemos cambiado” dice la canción, qué metamorfosis se ha cristalizado en el seno popular, cada vez más naranja y menos azul.

Gabriel Rufian, líder de ERC

Pese a la derrota, los acólitos de Soraya, bien posicionados dentro de partido, no desaparecieron. Refugiados en sus condados, entiéndase organizaciones territoriales provinciales y regionales, confabulaban en los procesos de renovación interna. Desde la sombra, tomaban el control de la retaguardia, entraban en las instituciones de gobierno municipal y autonómico adquiriendo notoriedad. La mano de Núñez Feijoó mecía la cuna de la disidencia clandestina. Convertido en referencia de los centristas, usaba su cargo público para saetear la propuesta conservadora de Casado. Sus ruedas de prensa, sus declaraciones públicas y sus mensajes eran inequívocos. El palentino se encontraba entre la espada y la pared, derrotado en las elecciones, debilitado en su liderazgo dentro del partido, por supuesto en la oposición frente al gobierno, y evidenciado por el gallego tras el éxito en aquellas tierras norteñas, ha optado por los votos frente a los principios. ¿Cómo entenderán los votantes de derechas el nuevo rumbo de la nave antaño conservadora? Puedo afirmar que, al menos, un tercio de sus adeptos se han manifestado disconformes. Les disgusta el giro a la nada, que es lo que representa el centro político. Eufemismos como moderación, centro progresista y modernidad atestan los pronunciamientos de la nueva era. Apestan verdaderamente, un tufo de falsedad les envuelve.

Alberto Núñez Feijoó, ha tomado el control ideológico del partido, se ha convertido en el director de escena y ha contado con el apoyo de primerísimos espadas. Juan Manuel Moreno Bonillo, presidente de la Junta de Andalucía, o Alfonso Fernández Mañueco, presidente de la Junta de Castilla y León, son algunos de sus lugartenientes. No faltan aduladores en la corte gallega como presidentes de diputaciones, alcaldes y presidentes provinciales. Los neutrales, los ambiguos, y los desleales salen de la sombra y se apresuran a besar el anillo de su caudillo.

Pablo Casado, desprovisto de su capote de lidia parlamentaria, se queda al descubierto ante el ataque de sus compañeros de empeños. Ahora le tocará lidiar como recortador y forcado, a pecho descubierto, sin retaguardia fiable. La purga se ha iniciado y pocos, los menos, se mantendrán leales a unos principios conservadores, verdaderos pilares del Partido Popular antaño triunfante. La soldada recibida es un estipendio imposible de rechazar, los cargos que disfrutan garantizándoles una vida de confort y comodidades, no dejan paso a la renuncia desde la coherencia. La deserción a los valores proclamados, defendidos y elogiados se ha convertido en papel mojado. Incluso la guardia pretoriana presidencial se apremia a diseñar sus nuevas galas, sus nuevas enseñas y se elaboran nuevos discursos, más tibios y opacos que nunca. El mariscal de campo y Secretario General, Teodoro García Egea, da ejemplo de transformismo y adaptación a los nuevos tiempos. Su análisis trufero de la escena política española es verdaderamente inapropiado, carente de toda perspectiva y alejado de la realidad.

José Manuel García Margallo FOTO Europa Press

El príncipe de las tinieblas, el conspirador de palacio, toma posiciones cada vez más seguras para asegurar su asalto final a la dirección del partido. Desde la barrera, sin arriesgar absolutamente nada, asiste a la lidia y los lances de la faena de su jefe. Antaño se arrugó, se escondió y no dio la cara en el proceso de renovación tras la dimisión de Mariano Rajoy. Sabía que no era su momento, que la derrota le hundía políticamente y, siendo consciente de ello, Soraya le cerraba el paso y ocupaba su espacio ideológico. Hoy, con sus triunfos en la mano, la partida la tiene asegurada. Sabe que Casado no se fía de él, pero se reconoce imprescindible para la subsistencia del castellano. Su ataque nunca será frontal, será taimado, prudente, medido, pero insistente. El crédito político de su presidente tiene caducidad, las próximas elecciones generales. Una derrota popular le llevaría directamente a su objetivo último, nunca reconocido –faltaría más-; un improbable triunfo le conduciría, como botín menor, a ocupar un sillón en el Consejo de Ministros. Galicia se le queda pequeña, por mucho que se esfuerce en declarar lo contrario, sus aspiraciones están en Madrid. El asalto ya comenzó hace dos años, las escaramuzas ideológicas se producen.

Pablo Casado lo sabe. El enemigo se sienta a su mesa. No le puede impedir hacerlo. Gana Feijoó, pierde Casado. Triunfa Feijoó,  el electorado de la derecha española representada dentro de los populares queda huérfano. Las suertes están echadas y la apuesta ha sido decidida. La decisión de ejecutar a Cayetana Álvarez de Toledo es el peaje, el pago exigido para garantizar la lealtad del virrey de Galicia, fidelidad comprada y onerosamente pagada por el….¿líder del partido? ¿El líder de la oposición? Tiempo al tiempo. El camino a la perdición de Pablo Casado ya se ha iniciado.

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