Política

Óscar Bermán envía este mensaje a los españoles por la pasividad generalizada ante la gestión de la crisis por parte del Frente Popular

España en el pecado y la penitencia

Óscar Bermán

10 de julio de 2020 (14:34 CET)

Óscar Bermán
Óscar Bermán

Número uno de muertes por habitantes del mundo, por delante de todos los países del primer, segundo y tercer mundo. Número uno de Europa en conculcación de derechos democráticos y libertades. El mayor hundimiento económico de Europa y uno de los mayores del mundo. La mayor tasa de sanitarios contagiados del mundo. Un genocidio eugenésico aplicado sobre la población más débil, con menos expectativas de vida y que, en el caso de los ancianos, son los que más años llevan pagando la sanidad pública que los ha devuelto o dejado en sus casas y residencias para que murieran sin molestar.

Cualquier país del mundo, no ya de los avanzados y democráticos, habría sufrido una convulsión social y política que se habría llevado por delante al gobierno y, posiblemente, al régimen. Cualquier país menos España.

La sociedad española en su conjunto y por abrumadora mayoría ha consentido ese desastre histórico sin inmutarse. Habrá impunidad para los culpables y los responsables (recuerden y no lo olviden nunca: primer país del mundo en muertes por habitantes). Ninguno de los mecanismos de control propios de un estado de derecho ha funcionado: ni la oposición, ni la justicia, ni la prensa, ni la intelectualidad, ni la sociedad civil. Todo lo contrario, vivimos como si nada hubiera pasado, como si no fuera con nosotros ese récor de incompetencia y canallería (recuerden y no lo olviden nunca: los más indefensos se han dejado morir sin atender). Han fracasado todos los mecanismos del llamado estado de bienestar con el sistema de salud pública a la cabeza. Hemos sido retratados por la opinión pública mundial como un país de tercera teniendo medios y profesionales de primera.

General José Manuel Santiago FOTO  Europa Press

¿Qué ha fallado? Todo. Porque en caso contrario es imposible lograr tal humillante desastre.

Por supuesto el gobierno del frente popular, compuesto por absolutos incompetentes expertos sólo en el navajeo político y arropados por el sectarismo ideológico que, como siempre ha ocurrido con cada aventura comunista, se ha visto arrollado por la realidad a pesar de la ceguera propagandística propia de avestruces pintadas de rojo. Un gobierno, si es que merece tal nombre, que, a pesar de haber sido colocado en el primer puesto mundial de incompetencia y crueldad, sigue impertérrito desmontando uno a uno todos los resortes sobre los que se sostiene nuestra libertad y prosperidad: la justicia, la prensa, las empresas… la Guardia Civil.

Y ha fallado, lo sigue haciendo, el principal protagonista de cualquier democracia: el pueblo. Porque tal nivel de fracaso de proporciones históricas (imaginemos lo que dirán de nosotros nuestros nietos) sin que tenga absolutamente ninguna clase de consecuencias (se dice pronto) sólo es posible si el pueblo está completamente anestesiado y carente del más mínimo pulso vital, social y político.

Es la sociedad española en su conjunto la que está dejándose engañar y anestesiar por la maquinaria propagandística del poder, oposición (gran nombre para la nada que ha hecho y hace) incluida, pensando que sin libertad ni dignidad protegen su prosperidad, su negocio, su estado de bienestar. Pero, parodiando a Churchill, pierde esta sociedad de nuevos ricos sin esfuerzo su dignidad y, además, perderá su prosperidad. Porque no hay prosperidad sin libertad. Y no hay libertad sin dignidad y lucha. En Otoño despertaremos todos, justos y pecadores, en la pesadilla de quienes no saben defender su libertad, su patrimonio y su futuro. En Otoño conoceremos lo que es una sociedad comunista al modo estúpido de los indolentes niños de papá (estado). Y, entonces, como en toda pesadilla comunista, será demasiado tarde para, al menos, una generación entera.

Mientras tanto, pasará el verano entre escándalo y escándalo que a nadie escandaliza. Nuestros muertos seguirán muertos y anticipadamente olvidados. El rey habrá hecho su gira publicitaria, la oposición seguirá esperando para recoger los frutos de nuestra desgracia sanitaria y económica, la prensa, excepto anecdóticas y meritorias excepciones, apestará aún más a régimen norcoreano sin necesidad de usar perfume, las grandes empresas seguirán sosteniendo a esa prensa para que el gobierno se mantenga y puedan seguir ellas con su negocio de BOE y comisión, los funcionarios que cobran por protegernos seguirán de cuarentena, escondidos en su clandestinidad para que no peligre su sueldo, su carrera y la de sus nenes, y una inmensa mayoría del pueblo, derecha e izquierda, echará tierra en sus conciencias para poder ocuparse sin molestias en sus asuntos chicos y grandes.

Esa es la realidad de una nación que acaba de lograr las más altas cotas mundiales de incompetencia y crueldad. La realidad que nos está esperando cuando pase el calor y entremos en la España peronista que, no tengan la menor duda, mantendrá la UE en su seno hasta que hayamos colmado todas las paciencias y malgastado todas las oportunidades. Es decir, para cuando se de la vuelta el año. Y, entonces, ya sin remedio, nos veremos en el espejo de nuestra dejadez, cuando no de la mezquindad de una mayoría que no merecemos el resto. O sí, porque la permitimos. Y ahí, en el pecado, llevaremos todos la penitencia.  

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