La Iglesia católica sigue con sus incoherencias internas -y externas- y cada vez que habla sube el pan. Según el Papa, los países del mundo deben abrir las fronteras a los inmigrantes y acogerlos para darles una vida mejor. Sin embargo, los muros del Vaticano permanecerán levantados y las centenares de habitaciones cerradas. Su valioso patrimonio tampoco será vendido, hecho que demuestra que son más parte del problema que de la solución.

Precisamente fue el Papa quien, durante un viaje a Panamá, argumentó que “la seguridad nacional es secundaria” y añadió que “lo importante son los inmigrantes”. En un discurso vergonzoso el líder religioso ha osado criticar las políticas en materia de seguridad y ha defendido los asaltos, en algunas ocasiones violentos, en las fronteras.

“La Iglesia, por su universalidad, puede proporcionar la hospitalidad y la aceptación fraternas que permiten a las comunidades de origen y destino dialogar y ayudar a superar los temores y las sospechas” , dijo Francisco ante la sorpresa de los asistentes.