Política

Dos jóvenes ponen en su sitio al Gobierno del Frente Popular en el Día Internacional de la Juventud

12 de agosto de 2020 (21:50 CET)

Día Internacional de la Juventud
Día Internacional de la Juventud

Día Internacional de la Juventud ¿de verdad somos el problema?

Por Antonio J. Candado Aguado y Athenea García Vergel

Hoy, 12 de agosto, se celebra el Día Internacional de la Juventud, en un momento especialmente crítico para nosotros. En estos tiempos, en los que nuestro futuro se ve cada vez más oscuro por las constantes acusaciones y por la criminalización con la que nos persiguen las izquierdas. El gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, y todos los Gobiernos Autonómicos bajo su poder, vienen creando desde hace meses un clima de crispación, desconfianza y aversión contra nosotros por parecer ser los culpables de una segunda ola de COVID-19, que sabían que era inevitable que llegase. Precisamente por esto, en este día tan especial, queremos pormenorizar todas esas herramientas de ingeniería social de las que se está sirviendo el gobierno para que a nuestro paso los ancianos se aparten, que en los hospitales nos miren de mala forma y que en todos los informativos seamos la desafortunada cabecera que nos tilda gratuitamente de irresponsables, incívicos e irreverentes.

Desde que comenzó el mes de julio y la pandemia se descontroló de nuevo, el gobierno socialcomunista de PSOE-UP ha preferido desviar la atención de la grave situación, apelando a la “responsabilidad individual” y a la “distancia social” de toda una nación ante la primera gran pandemia del siglo XXI. Pero, ¿qué significa eso de “responsabilidad individual” y cómo se ejerce?; ¿cómo mantener una distancia social cuando el Presidente del Gobierno anima a la gente a salir y a despilfarrar?; ¿acaso no entra en contradicción esa “responsabilidad individual” y “distancia social”, cuando uno quiere mantener su puesto de trabajo, pero su empresa no puede garantizar dichas medidas?

Estos son dos conceptos demasiado digeribles a simple vista, pero que engendran una mayor complicación de la que, a priori, parecen tener. Apelar a ese sentido común por parte de la ciudadanía, no es sino una depuración de responsabilidades por parte del gobierno, encubierta bajo la absoluta política de no intervención que están manteniendo y que tiene como resultado el cierre de numerosos pequeños comercios, así como un buen azote a la hostelería y al turismo. En este sentido, el ejemplo de lo que está por verse está claro: si el bar de la esquina, ese al que solíamos ir casi todas las mañanas, acaba bajando la persiana porque ha quebrado, el dueño no podrá acogerse a ninguna ayuda de los fondos europeos de recuperación para el COVID-19 y se le argumentará que cerró voluntariamente porque en ningún momento estuvo obligado, cómo sí que lo estuvo bajo el Estado de Alarma y el “maravilloso” mando único de Pedro Sánchez. He aquí el arma de doble filo de esa “responsabilidad individual”, que endosan con embudo en todos los medios subvencionados por el gobierno y que llevará a la quiebra de numerosas familias sin percibir ninguna prestación económica.

 Nuestra responsabilidad supone aceptar tácitamente la dejación de funciones del gobierno y, por ende, la ausencia del mismo. Un sálvese quien pueda en el que, precisamente el gobierno, no se va a responsabilizar de absolutamente nada, pues ya se está vertebrando toda una dialéctica en torno a la culpabilidad y criminalización hacia determinados colectivos y grupos sociales, que están en primera línea ante el COVID-19 día a día. Pero, ¿cómo nos afecta esto a los jóvenes?

Estamos observando el descrédito del ocio nocturno, el desprecio más absoluto del gobierno por el turismo en un país, como es España, que se ha quedado totalmente desindustrializado y sin perspectivas laborales a corto plazo. Vamos sin remedio a instaurarnos en una precariedad atemporal, comenzando por la famosa promesa de los ERTE, por los que muchas familias se han quedado sin sustento. Estamos viendo sin inmutarnos cómo se disuelve el concepto clásico de la clase media para dibujarse una nueva noción del umbral de la pobreza, pero aquí, todo sigue yendo como la seda. ¿Cuándo vamos a despertar de una vez en este país? La juventud necesita una salida, necesita oportunidades y muchos jóvenes están quedándose sin el sustento y la manutención que podían permitirse de sus padres. ¿A qué estudios van a poder acceder las siguientes generaciones?; ¿A qué puestos de trabajo vamos a poder optar en un momento en el que se está desplomando el empleo? El verdadero temor que tendremos que afrontar será la vergonzosa curva ascendente de desempleo, porque tenemos unos dirigentes políticos que se preocupan más por reescribir la Guerra Civil, que por trazarnos un futuro digno. Un país sin presente es un país sin futuro y no hemos luchado por ser la generación española mejor formada con trabajos que distan mucho de nuestra larga preparación académica y, por si fuera poco, con los sueldos más bajos de Europa.

Por otra parte, esta mal denominada “distancia social”, es un término que también tiene su enjundia. En la era más tecnológica, donde las relaciones sociales ya se venían realizando con normalidad por diversas vías telemáticas como Whatsapp, Twitter, Facebook, Instagram o Zoom. Bajo la dialéctica de la “distancia social”, han abierto una brecha que rompe en dos la ciudadanía, creando un sentimiento de miedo e indefensión en el espacio personal de cada uno.

Se podría hablar de “distancia interpersonal” para hacer una alusión únicamente al espacio físico pero no, se habla de “distanciamiento social”; como si no nos hubieran dividido ya la política, la Guerra Civil, los nacionalismos, el terrorismo, las cuestiones migratorias o las dudas sobre el actual modelo asociativo de Europa, más allá del COVID-19, que nos acecha este año, entre otras cosas. Ahora, desde que ha comenzado la segunda ola de la pandemia y el gobierno ya sí que no sabe por donde cogerla, el nuevo objetivo que abatir en la sociedad somos los jóvenes, quienes parece que tenemos toda la culpa de los fallecidos. Este juego les está dando resultado pues, en Televisión Española, la Sexta o Telecinco, por poner algunos ejemplos, el foco, que con tanto interés alumbraban en la lucha de géneros, han dejado de avivarlo con gasolina para focalizarse sobre la nueva brecha entre jóvenes y ancianos, que ha comenzado a fraguarse en los anuncios televisivos del gobierno y ciertas autonomías. Por ello, es casi ineludible cuestionarse: ¿Qué buscan conseguir con esto?

Venden sobre nosotros esa idea de irreverentes, de maleducados, de críos desequilibrados que solo vemos la vida pasar sin asumir ninguna responsabilidad. Lo que no quieren mostrar de nuestra mala situación es la rabia, la impotencia y la frustración de todas las madrugadas estudiando para, realmente, no conseguir nada. No quieren darnos voz en el informativo de las tres de la tarde para que no critiquemos al gobierno, que no hablemos de los salarios irrisorios o que denunciemos la falta de derechos laborales. No quieren que le digamos a España entera, en riguroso directo, todo lo que luchamos por nuestros sueños, lo duro que trabajamos para poder formar una familia y tener un trabajo estable que nos permita tener hijos antes de los cuarenta. Solo queremos ser los padres de nuestros hijos, no sus abuelos ni que nuestros padres tengan que mantener a nuestros propios hijos. El estado de Pedro Sánchez y sus instituciones nos han convertido en los enemigos de toda la opinión pública que vomitan sus televisores, describiéndonos como aquellos que contagian a los ancianos o esos que, con sus fiestas, han provocado la segunda oleada de COVID-19. Todo ello, con un despliegue mediático regado generosamente por las subvenciones del gobierno. Es más fácil tener dividido a un estado a base de enfrentarlo, que el hecho de que la totalidad de la ciudadanía pida responsabilidades judiciales al gobierno por su desastrosa gestión de la pandemia de la que ya estaban advertidos sobradamente. ¿Creen que nosotros queremos ir a clase con el riesgo de volver a casa e infectar a nuestros padres o abuelos?; ¿Qué, como insisten algunos spots publicitarios del gobierno, queremos matarlos por asistir a una cena? Que dejen de hacer demagogia barata a nuestra costa. No somos los prófugos del Estado y no vamos a asumir ese rol. ¿Es que solo podemos acceder a un trabajo con experiencia previa cuando nadie nos está dando esa primera oportunidad?; ¿Es que la única salida es convertir España en un chiringuito político donde toda la población aspire a ser funcionario del Estado?; ¿Qué espacio queda para los emprendedores, los autónomos y los talentos en este país? Que nadie crea en esta nación, que la única juventud intelectual y con inquietudes es la de izquierdas, porque estamos ya hartos de su superioridad moral y de que se impongan sobre nosotros. Por si no estuviésemos viviendo ya una verdadera tragedia con la que luchar a diario, ahora llegan el PSOE-UP a echarnos encima otra lacra como la de que seamos los principales transmisores de la pandemia. Hemos pasado a vivir en un día a día, donde solo son verdaderos patriotas los que se tragan con embudo lo que diga el Gobierno y hacen exactamente lo que Pedro Sánchez diga. Esto es lo que tenemos que decir: ¡Basta ya!

Como han podido leer con sus propios ojos, somos el eslabón más débil de esta cadena que conformamos el conjunto de la sociedad y nos lo están poniendo realmente difícil, pero, nosotros, los jóvenes no estamos dispuestos a pagar los platos rotos del gobierno de Pedro Sánchez. Nos vamos a resistir con todas nuestras fuerzas a aceptar esa culpabilidad que dicen que tenemos, para enmascarar lo que en realidad es una dejación de responsabilidades, simple y llanamente. Que asuman su incompetencia; que digan la verdadera cifra de fallecidos (incluso los que están falleciendo ahora mismo, cada día, y parecen no querer contabilizar); que dejen de mentir a los españoles y de rendir burdos homenajes de estado con los que dar por concluida una pandemia que todavía sigue ahí; que cesen en su empeño de vapulear públicamente a la juventud que, en muchas ocasiones, somos el colectivo más responsable de toda la sociedad o, al menos, el que más responsabilidades carga a sus espaldas. Salgan de una vez por todas con los números y las estadísticas reales y dejen de sacar a Fernando Simón, su telepredicador socialista matutino, a dar todos los días la misma monserga política para tapar las miserias del partido al que representa; y que dejen de salir a la palestra cada día con ese dedo acusador, porque todos estamos sufriendo la misma catástrofe y esta vez, no nos referimos al COVID-19, sino a su incompetente gobierno. Además, para nuestra total desilusión, damos fe de que, a estas horas, la Universidad de Zaragoza, institución donde se forman los grandes talentos aragoneses, ni siquiera se ha acordado de este importante día. Solo otro triste ejemplo más de cómo se nos subestima incluso entre aquellos que nos forman.

¿Es que Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y todos sus cómplices olvidan que esas personas son nuestros mayores?; ¿Acaso nos quieren hacer, a los jóvenes, coautores de la masacre que supuso su gobierno de mando único en residencias y centros de mayores de toda España? No compren el barato argumentario que pretende enfrentarnos de nuevo. La juventud está esperando a que se le brinde una sola oportunidad para sacar adelante este gran país. Luchamos por encontrar nuestro espacio, hacer resonar nuestras voces y tender todas nuestras iniciativas hacia una sociedad en la que cada día somos más necesarios. No crean en su mensaje de odio contra nosotros, pues la juventud aguarda con impaciencia su momento para construir de nuevo las bases de la convivencia en esta “nueva normalidad” y demostrar todo lo que valemos con compromiso y responsabilidad para con el siglo XXI.

En la peor crisis, en el momento más oscuro, es cuando esta juventud subestimada va a demostrarle al socialismo que todavía queda mucha esperanza en nosotros, que este es nuestro tiempo y que sin nosotros el futuro no es posible. Que nadie olvide que esos mismos jóvenes a los que culpan de los nuevos rebrotes por hacer botellones, fiestas de selectividad, cenas o, sencillamente, irse de vacaciones, son la misma juventud que integra con orgullo las filas de nuestras Fuerzas Armadas, el Cuerpo Nacional de Policía, las empresas de alimentación o son esos muchachos que, sin haber acabado la carrera de medicina, se han prestado voluntarios a lo que hiciera falta en los hospitales y residencias de toda España. Nosotros, los jóvenes, hemos sido los que hemos estado ahí para limpiar la inmundicia de este gobierno y que España no parase. En jornadas maratonianas, sin dormir, mal alimentados, desprovistos de medidas de prevención y con salarios de miseria. Así, nos hemos lanzado a combatir este virus, sin pensarlo dos veces, por nuestras familias, por nuestros mayores y por nuestro futuro. Estamos ya hartos de esta hipocresía y de esta doble moral que utilizan contra nosotros a conveniencia los miembros del gobierno de Pedro Sánchez. Este es nuestro momento y no vamos a pedir perdón por nada de lo que nos incriminen. En todo caso, seguiremos luchando y velando, como no hacen ellos, por todos los españoles sin ninguna excepción. Seguid teniendo esperanza en la juventud a la que el socialismo veja y denigra, porque somos agentes fundamentales del cambio e imprescindibles para el futuro. Hoy más que nunca, los jóvenes somos primordiales para hacerle frente al COVID-19, salvar empleos y salvar vidas. Hoy, somos el motor del mundo. Mañana, iluminaremos el porvenir.

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