Política

Así manipula Podemos para impregnar de "morado republicano" todos los movimientos sociales

Podemos intenta asimilar a toda una serie de colectivos que, en principio, deberían ser heterogéneos políticamente

18 de agosto de 2019 (21:04 CET)

Pablo Iglesias, líder de Podemos
Pablo Iglesias, líder de Podemos

En los últimos meses no han sido pocas las declaraciones osadas por parte de algunos políticos, miembros de colectivos feministas y de asociaciones LGTBI en torno a la “patente de exclusividad” que parecen tener sobre ellos los partidos de izquierdas. Fue allá por el 2011, cuando en España irrumpió con fuerza el movimiento social 15-M, cuando surgen los Iglesias, los Errejón, los Monedero y una larga serie de populistas amateur que parecían venir a democratizar la escena política española a través de la vulgarización de las formulas y los protocolos políticos establecidos entre el bipartidismo tradicional.

No es un hecho casual que la homogeneización del movimiento 15-M y de los “indignados” fuese a desembocar en una vertiente neo-republicana y, por consiguiente, que su color insigne fuese ese morado heredado de la bandera de la Segunda República Española (1931-1936). La crisis mundial de 2008 venía gestando una profunda brecha en gran parte de la sociedad española, más sensiblemente en la juventud, fue este último cuerpo social el que Pablo Iglesias supo capitalizar, el creciente activismo le sirvió para dar el salto de las plazas al Congreso fundándose el 11 de marzo de 2014 el partido político Podemos.

Muñeco llamando al boicot al PP

De esta forma el color morado comienza a globalizarse en la política y sociedad españolas, pasaremos a ver en pleno siglo XXI cómo banderas republicanas, comunistas, independentistas se inmiscuyen en cualquier manifestación y acto social, vimos incluso cómo las cintas moradas de la Virgen del Pilar zaragozana pasan a mostrar ese espíritu republicano al mostrarlas solas o junto a la cinta de la bandera española haciendo así la bandera republicana.

Parece que la Segunda República se hubiese convertido en el adalid de los anhelos de una desencantada sociedad española, sociedad que podría tomar como referente nuestro imperio pero que, muy generalizadamente, desconocen y aborrecen a partes iguales. Si observamos la cotidianeidad de nuestro día a día veremos que el activismo social viene monopolizado por la ideología de las izquierdas y que, en ellas, siempre meten con calzador el color morado, como por ejemplo en las protestas por las pensiones dignas, los festejos del colectivo LGTBI o movimiento feminista.

Resulta indignante ver como en España la identidad sexual ha pasado de ser una cuestión individual a ser una cuestión de siglas y de partido, observamos con cierta normalidad que no hay ningún tapujo en negar la participación a partidos como Ciudadanos o VOX en festejos realizados en espacios públicos y financiados con el dinero de todos los españoles: ¿por qué se menoscaba deliberadamente la identidad sexual de aquellas personas que no son votantes de las izquierdas?, ¿Acaso Podemos, IU y PSOE pretenden exportar al resto del mundo una reducción simplista de que los colectivos LGTBI nacen exclusivamente del corpus de sus votantes? Nos adentramos peligrosamente en la España de los privilegios, de las desigualdades sociales desde su basamento, del ostracismo a los disidentes, asistimos al nacimiento de las desigualdades jurídicas y a la politización hasta de los recodos más íntimos de la condición humana.

Podría decirse que, cuando una ideología, materializada por varios partidos, es tan sumamente invasiva y niega la expresión individual por militar en otros partidos, estamos acercándonos peligrosamente a la dictadura de las izquierdas. Resulta indignante la impunidad con la que las izquierdas han segregado a personas que, lejos de importarles su orientación sexual, solo han buscado la fuerza de los lobbies para la visibilización de sus actividades y campañas electorales. La realidad es que Podemos se ha fijado únicamente en estos colectivos cuando han encontrado en ellos un caladero de votos, por otra parte, se les llena la boca hablando de su implicación social pero, en la praxis, ha quedado constatado que los ministerios de materia social con los que ellos han hecho bandera durante tantos años no son para Iglesias más que “jarrones chinos”.

 

*Este artículo tendrá una segunda parte en unos días

 

 

 

Ayúdanos a difundir
Relacionados
Hoy destacamos
Comentarios
Lo más leído